viernes, 20 de abril de 2012

Dormir como locos.


En estos últimos cinco años el mundo ha cambiado muchísimo mas que en los cien años anteriores nos informan asombrados los antropólogos, el mundo esta dando paso al homo videns, el homo sapiens ya es historia. 
Es cierto, pero lo que si no ha cambiado, sobretodo en la gente joven, es el placer indecible por dormir. Ayer como ahora el gusto por dormir en esta etapa de la vida del hombre no ha cambiado. Es una cosa de locos.
A propósito de este tema, revisando algunos archivos hallé el relato que lo reproduzco a continuación. Me he tomado la libertad de interpolar algunas correcciones en ciertas frases que creí no convenientes para ser publicadas en este blog.

Para Tony.


LOCURA DE SUEÑO.
Por Cecilio.

Era la tercera vez que tocaban la puerta. Esta vez mas insistentemente que las anteriores. A los golpes de la puerta se acompañaban gritos obcecados, admonitorios, de amenazas, Puta madre, ya empezaron a joder, siempre ha sido así carajo: Jaime a desayunar, Jaime al colegio, Jaime a levantarse, Jaime tus pastillas. O no, tal vez no siempre haya sido así, bueno que importa desde cuando, pero lo cierto era que nada había mas cálido y placentero que su cama, que le costaba un esfuerzo descomunal levantarse en las mañanas. Cuando era niño no tenía este problema, pero se trataba de un problema acaso, claro que no, excepto para la gente que le rodeaba. Esta sensación se le manifestó, o sería mejor decir la descubrió, cuando cursaba el quinto año de la secundaria y sus padres tuvieron que ausentarse de la ciudad dejándolo solo en una habitación, Tienes que hacerte responsable hijo, por esa razón relacionaba la libertad con el dormir, a mayor libertad mas horas para dormir, Nadie es mas libre que aquél que puede dormir las horas que le de la gana, huevones, pregonaba entre sus amigos. Las explicaciones y justificaciones para este raro placer se le habían ido presentando de a pocos, como un velo que se discurre lentamente para mostrar al público la obra final de arte. El primer día de clases, el primero también que se vio solo, despertó a las siete de la mañana, extrañó muy fugazmente la voz de su madre apurándole a dejar la cama, pero luego cayó en la cuenta de que no había nadie en el cuarto y podía hacer lo que quiera, hasta darse la libertad de quedarse en la cama, si así se le antojaba, pero no lo hizo, tenía que ser responsable como se lo había recomendado su padre, se puso de pie y entró a la ducha, como lo haría casi todo aquel año, hasta que una mañana No me dio la puta gana de levantarme simplemente, encendió la radio y mientras entre melodía y melodía el locutor daba la hora y no llegaban las ocho de la mañana, conservaba todavía una pizca del sentido de responsabilidad que lo impelía a levantarse y anidaba unos sentimientos encontrados de culpa y esperanza de llegar a tiempo al colegio, pero cuando dieron las ocho y las manecillas del reloj continuaron con su caminata inflexible se sintió libre de toda culpa: era lógico, no le quedaba más alternativa que continuar durmiendo, pues ya era imposible que llegara al colegio, mañana quizás, ese día su vida había cambiado para siempre. Esa primera vez durmió como un angelito hasta el medio día que se levantó por la urgencia de las tripas, urgencia que con el tiempo llegaría a controlar perfectamente por tres días consecutivos. Esta rutina se repitió por espacio de un mes, que si no sería por la visita de su madre, cuando no, ellas siempre tan oportunas, hubiera continuado así lo que restaba del año. Tuvo que adaptarse nuevamente a la rutina del colegio del que estaban a punto de expulsarlo, pero al final logró aprobar el año. Esta experiencia le demostró que si quería libertad, lo que implicaba dormir hasta la hora que le de la gana, debía adaptarse al sistema y complacer a sus padres: ingresó a la universidad, pero se las arregló para que siempre estuviera lejos de ellos, en otra ciudad, ahora que había probado el sabor embriagante de la libertad no estaba dispuesto a renunciarla fácilmente. La universidad no solo significaba libertad de espíritu, como se afirmaba en los sosos discursos académicos, sino muchísimo mas, tanto que el término este quedaba muy corto para describirlo. En primer lugar se rompía con la dependencia y control paternos, salvo el económico claro, por fin uno podía hacer lo que realmente le venga en gana, inclusive no asistir un solo día de clases. Aquel primer año se la pasó literalmente durmiendo y leyendo, pero no los textos universitarios, sino otros libros, No leas huevadas Jaimito, no pierdas el tiempo y dedícate a estudiar, le aconsejaban amigos aplicados (*). Por esas épocas ya había acuñado una explicación metafísica para su costumbre de no levantarse de la cama sino luego del medio día en el mejor de los casos, Mira brother, me cuesta pescar el sueño durante la noche y cuando lo hago, me adapto a mi cama, no solo físicamente, cóncavo y convexo computas, también espiritualmente, entonces a cualquiera le jode que después de haberse desconectado de este mundo, bruscamente de buenas a primeras pretendan despertarlo, es como los recién nacidos, o es que te has tragado el cuento de los matasanos que los bebes lloran para llenar sus pulmoncitos de aire, son patrañas, nada de eso, ese llanto es por dolor, dolor de tener que adaptarse a este mundo hostil y frío luego de nueve meses de flotar en un líquido tibio sin pensar en nada, algo similar me pasa, luego de dormir placenteramente me cuesta adaptarme nuevamente a la puta realidad. Un día se había desconectado de la puta realidad por cinco días, levantándose tan solo para hacer sus necesidades y beber agua, nada mas, todo un récord, Si sería estreñido y mis mojones fueran tan secos como los de los perros que no me mancharían el culo, estoy seguro que cagaría a un costado de la cama para seguir durmiendo, oyeron desconcertados como explicación los amigos que lograron entrar a su cuarto derribando la puerta para despertarlo de aquel letargo de casi una semana, quienes sin embargo cuidaron que la incursión fuera en horas de la tarde respetando aquel malhadado hábito. Cuando ligaba con alguna mujer, nada raro si tomamos en cuenta su buena apariencia física en aquella ciudad en la que convergían gente de todo el planeta con una vida nocturna muy agitada, tenía el cuidado de explicarles que luego de acostarse con él (*) al día siguiente se fueran sin necesidad de despedirse, No te preocupes preciosa, si despiertas antes que yo, anda vete nomás, por favor no intentes despertarme, nada me emputaría mas mamacita, seguro que nos volveremos a encontrar algún otro día, el mundo es un pañuelo mi amor. Casi todas respetaban esta onírica voluntad, sobretodo las noctámbulas a las que se llevaba a la cama y que despertaban junto con él, ya entrada la tarde, aunque no por idénticas razones metafísicas, sino simplemente porque la resaca de la borrachera anterior y los desenfrenos del bajo vientre (*) las dejaban tan extenuadas que requerían algo de tiempo para recuperarse durmiendo mas horas de lo ordinario. Hubo una con la que cultivo una relación por espacio de cuatro meses, si a eso podría llamársele relación, pues mas que relación era una simbiosis: ella necesitaba donde comer y pasar algunas noches sin que nadie le pida explicaciones y él satisfacer sus necesidades sexuales (*) de cuando en vez, Es una relación de la puta madre, de la mas absoluta libertad, huevón, imagínate si en este momento ni siquiera sé dónde pueda estar, tal vez se aparezca en la noche cuando este durmiendo, quizás la encuentre teniendo sexo (*) con un pata en el baño de cualquier discoteca y eso no me importa huevón, con tal de que luego de acostarse conmigo (*) en la mañana se vista y se largue sin importunar mi sueño, Oye brother estas mas loco que una cabra. Una desabrida gringa que se levantó una de esas noches tampoco importunó para nada su sueño, ni siquiera cuando le vació el cuarto en una camioneta de mudanza en complicidad con su brichero nativo. Cuando su madre se enteró lo del robo fue como deshilar un ovillo hasta llegar al final: supo que su hijito se la pasaba de lo lindo bebiendo, fornicando y durmiendo todo este tiempo cuando ella bien creída que un futuro presidente de la suprema se estaba cocinando en la universidad, inmediatamente, como la madre abnegada que era, consultó con los especialistas quienes recomendaron, El chico estaba mal de la cabeza señora, tiene un desajuste en el comportamiento, ninguna persona normal puede ansiar dormir tanto como él. Lo mandaron consultar con los Psiquiatras, Es Misantropía lo que tiene, dijeron unos, No, se trata de Narcolepsia, recetaron otros, Pero, respondió alguien, la Narcolepsia se presenta en la treintena y el es tan joven que no puede ser esto, Tampoco es una Apnea del Sueño, pues según los síntomas Jaimito no presenta dificultades en la respiración y por el contrario duerme como un lirón, nunca mejor dicho ya que este animalito de la península ibérica tiene hábitos nocturnos e hiberna sin probar bocado alguno largas temporadas que pueden abarcar fácilmente los seis meses, se permitió esta digresión el último especialista que lo vio, pero sin atinar con el tratamiento, Carajo, pensaba Jaime, estos cojudos nunca aciertan con nada, peor los loqueros que son las personas que mas traumas psiquiátricos tienen sino pues no optarían por esta especialidad, no pueden aceptar que lo mío es algo tan natural como lo que les pasa a los zurdos, ahora a nadie le importa que su hijo sea zurdo o diestro, pero antes, pobrecitos los niños zurdos, a fuerza de golpes los obligaban a escribir con la derecha, les ataban la mano izquierda para que se acostumbraran a utilizar la inútil extremidad derecha, Que tiene que ver esto con lo otro, nada, es una locura de sueño que el sueño no lo cura, por el contrario lo degrada aún más, sentenció un médico que prescribió su internamiento inmediato en un sanatorio mental, que su madre, amorosa y abnegada como era, cumplió en una santiamén ignorando la desautorización de su padre, A ver si de pasito se te cura la dipsomanía también mijito, ahora a descansar, pero eso si no ya le eches el seguro a la puerta de tu cuarto papito. Abre la puerta loco de mierda, se oyó por cuarta vez, Ábrela de una vez antes de que la tumbe carajo, así es siempre todos los días en este manicomio de mierda. Pero mientras tanto, mientras el gruñón portero del sanatorio mental se demora en echar abajo la puerta, Jaime se da tiempo para arrebujarse entre las tibias mantas y pegarse una última siestecita, como si con él no fuera la cosa.

Abancay, diciembre del año 2006.

(*) Texto incorporado al original.
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La imagen ha sido tomada de acá:

martes, 15 de noviembre de 2011

Bromeando con la filosofía.




Hallé una crónica -cuya lectura, no obstante el paso del tiempo, aún me divierte- en la que se detalla una tomadura de pelo a un personaje serio y formalon. Se los transcribo integramente y esperando que igualmente les divierta.



La Oración, el último recurso de un bribón.
S. Florencio Jara Peña.

Tengo un amigo, amante de la filosofía, quién no obstante sus fatigosas ocupaciones laborales, en los resquicios de tiempo que le deja el trabajo y su familia, esta tratando de comprender la esencia trascendental de las cosas. El no es agnóstico, mucho menos un ateo, creo que por el contrario tiene una sólida vocación religiosa, de la mas rancia tradición judeo cristiana (o al menos eso es lo que uno infiere cuando le oye discursar sobre religión). A pesar de su acartonada formalidad, céltica, clerical es una persona que todavía conserva el sentido del humor, pero creo que no ha leído o no ha oído hablar de aquel poema atribuido a Jorge Luís Borges en el umbral de su muerte, porque no le gusta cometer errores o caminar descalzo en la hierba, y que nos cae como anillo al dedo cuando estamos remontando la colina de la vida y vemos nuestra vida en retrospectiva: Instantes.
En una ocasión, conociendo su afán por escarbar las cosas, en medio de una de nuestras acostumbradas conversaciones, de improvisto le solté esta frase: “la oración, el último recurso de un bribón”. Al instante lo anotó en una pequeña agenda de pringoso forro imitación cuero que todavía luchaba por conservar el color negro de sus orígenes, cuyas páginas estaban atiborradas de escritos y anotes interpolados que solo él podía entender. Seguidamente se puso a reflexionar sobre la frase que él consideraba “profunda”, filosófica (pues todavía ignoraba si se trataba de un adagio, refrán, sentencia o proverbio), de manera que el tema, según su entender, merecía una conversación matizada con cafés. Durante las tres o cuatro tazas de cafés que despachamos aquella tarde, a partir de las palabrejas que mordió su curiosidad aprendí bastante sobre temas muy variados. Vaya con el tipo, rebosaba conocimientos por todos sus poros, en primer lugar me explicó que Sentencia, no en el lenguaje abogadil, es todo dicho breve que lleva en sí un buen pensamiento, ora en materia moral, ora en materia religiosa, filosófica o política, por ejemplo, me dijo, “el perdón es la mejor venganza”, esa es una sentencia; en cambio un Proverbio es un dicho breve y agudo, pero necesariamente moral: “quién comienza en juventud a bien obrar, señal es de no errar en senectud”; el Adagio por su parte es un dicho que encierra un pensamiento filosófico, pero expresado de un modo vulgar, con malicia, con chiste picaresco, sin tener la sabiduría de la experiencia: “casar y compadrar cada cual con su igual”; y pues el Refrán consiste en un dicho ingenioso, truhanesco, picante pero que ha de encerrar necesariamente una alegoría, es metafórico: “no se que te diga Antón, el hocico traes untado, y a mi me falta un lechón”.
Entonces concluyó que “mi” frase era una sentencia y probablemente de origen Tomista, no descartaba haberlo leído alguna vez revisando incunables en un viejo seminario del norte.
¿Sabes que es orar? Me preguntó. Y sin esperar alguna respuesta mía repuso: Orar es ... Hablar con Dios, y ... para hablar con Dios es necesario que creas que Él es y que está para galardonar a los que le buscan. En otras palabras ... Tienes que tener Fe en el Dios de amor. Nuestra Fe es probada cuando hablamos con Dios, porque, estamos dirigiéndonos a alguien a quien nuestros ojos físicos no ven. Locura ... para el incrédulo, pero, para el creyente, es una necesidad y un deleite. Tú no ves al viento con tus ojos, pero sabes que existe porque lo sientes, ¿verdad? Lo mismo es con Dios, no lo vemos, pero, porque creemos en Él, lo sentimos. Y así continuó con su perorata histórico-filosófico-casuístico.
En efecto tenía sentido lo que decía y a medida en que citaba casos de personas notorias o formalmente ateas, a quienes luego se les veía, sin ningún pudor, compungidos, místicos orando en eventos religiosos públicos, caí en la cuenta de que yo también había sido testigo de muchas de estas “conversiones”, es decir de personas que aparentemente la religión y sus misterios les tenia sin cuidado, verdaderos bribones, pero cuando de pronto se les presentaba un problema en el diario vivir, primero, como es obvio a su filosofía de vida, por decirlo de algún modo si es que estas personas tienen filosofía de vida, agotaban todas las posibilidades terrenales para solucionarlo, sin embargo cuando el circulo se iba cerrando y las repuestas materiales no llegaban, recurrían al último recurso: la oración.
¿Sabías que respecto de nuestro más insigne Ateo de la historia se corre el rumor de que en su lecho de muerte volteo el rostro hacia Dios y oró antes de alzar vuelo hacia el mas allá? Con esa pregunta me saco de mis reflexiones. Así es, continúo, aunque nunca confirmado claro, porque estas cosas se hacen sin testigos. Carlitos Marx, el mismo que afirmaba que la religión es una forma de alienación porque es una invención humana que consuela al hombre de los sufrimientos en este mundo, disminuye la capacidad revolucionaria para transformar la auténtica causa del sufrimiento y legitima dicha opresión; el consideraba que la experiencia religiosa no es una experiencia de algo realmente existente. Su punto de vista era claramente ateo: no existe Dios tampoco el alma, así de sencillo. Pero este gandul cuando esperaba a la pelada también recurrió al último recurso: oró encomendándose al Dios que había negado materialismo-cientifico-históricamente. Cuando nos despedimos olvidé citarle la fuente de la frase profundamente filosófica que nos había mantenido reflexionando mas de tres horas, claro más a él que a mí.
Al llegar a casa mis hijas estaban frente al televisor, mirando absortas una serie de dibujos animados, me despoje del traje y me senté junto a ellas. Allí estaba la familia norte americana de piel amarilla y ojos saltones que tanto nos divertía: Los Simpsons. Era un capitulo repetido: el díscolo y ateo Bart como siempre se había metido en problemas y había logrado ir sorteando las consecuencias, hasta que ya no cabía mas giro en la tuerca, excepto ponerse de hinojos al costado de la cama, entrelazar los dedos, poner el rostro lo mas beatíficamente posible y orar. En esos místicos momentos es sorprendido por la culta e inteligente Lisa quién cáusticamente le dice: aja, la oración, el último recurso de un bribón.
Esa noche antes de pescar el sueño todavía meditaba si sería atinado revelar a mi amigo la verdadera fuente de donde había obtenido la frase en cuestión o tal vez sería una falta de respeto a su seriedad científica por provenir de una serie de dibujos animados.

Ah, el pequeño granuja obtuvo el milagro que pidió al orar.

Abancay, octubre del año 2006.


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miércoles, 24 de agosto de 2011

Interculturalidad y Administración de Justicia.


Sondeos realizados por entidades especializadas en estudios sobre aprobación o desaprobación de la administración de justicia llegan a la consclusión que los Jueces de Paz, a quienes peyorativamente se les denomina "no letrados", alcanzan picos altos de aprobación respecto de sus pares los Jueces profesionales. Asi es. Los Jueces en ojotas estan mejor vistos que los jueces enternados.
A propósito de esto reproduzco a continuación un artículo, que más parece una cronica, picante, divertido, pero muy reflexivo. Un germen de lo que se viene tratando en eventos sobre interculturalidad y justicia. 


LOS JUECES DE PAZ (MAL LLAMADOS NO LETRADOS) EN EL PERU.
S. Florencio Jara Peña.

Hace mucho tiempo, cuando todavía sorbíamos de las fuentes del derecho oficial y pensábamos, ingenuamente, que la panacea a todos los conflictos sociales era simplemente la aplicación fría de la Ley, realizamos, un amigo y yo, una caminata entre deportiva y turística (ahora le denominan rimbombantemente “turismo de aventura”). Llegamos ya entrada la noche a un pequeño poblado borrado casi por la obscuridad. Por supuesto la población carecía de alojamientos. Aunque llevábamos consigo una carpa para los accidentes atmosféricos u otras eventualidades similares, algunos vecinos notables se ofrecieron a hospedarnos por aquella noche. Mi anfitrión fue el Juez de Paz. Me acomodó en el suelo, con mi bolsa de dormir, en un rincón de una habitación oscura. El trajín de la jornada me ayudo muy pronto a pescar el sueño.
Aún el alba no había despuntado cuando unas voces, una mezcla de rumores en quechua y español, se filtraron en mi somnolienta vigilia. A medida que me despabilaba iba cayendo en la cuenta que aquel Juez de Paz, que calzaba ojotas y se calaba la cabeza con un sombrero de hechura artesanal, me había cedido su despacho judicial para que pasara la noche. Antes de ponerle atención a la conversación, fingiendo aún dormir, reparé en el ambiente. Era una habitación en la que se habían amontonado muchas herramientas agrícolas, aperos de equitación y una variedad de productos de pan llevar. Al medio estaba una pequeña mesa de madera, también de factura artesanal, sobre ella se observaban algunos papeles y varios Libros de Actas, ante la cual se hallaba sentado mi anfitrión oyendo atentamente a dos campesinos, mientras tanto en la puerta de la habitación que daba hacia el patio se observaba un buen número de sus connaturales esperando también ser atendidos, sin inmutarse por mi presencia. Por el lapso de mas de tres horas fui testigo de cómo este singular Juez de Paz ponía fin a una abigarrada gama de conflictos, unas mas curiosas y sui generis que las otras, cuyas soluciones también resultaban además de ingeniosas, inverosímiles. Dentro de mi precaria formación jurídica estuve convencido, aquélla vez, que nuestro personaje había incurrido en Prevaricato, pues muchas de sus soluciones estaban “fuera de su competencia” o simplemente “no aplicaba la Ley” tal como se hallaba redactada, incluso en algún momento reprendió acre y severamente a un campesino que inicialmente se negaba a satisfacer unos daños causados por sus animales, pero lo que me sorprendió mucho más es que al parecer todos abandonaban el despacho judicial satisfechos.
Después de atender sus labores judiciales compartimos su frugal desayuno, ya que sus actividades agropecuarias recién iban a comenzar. Mientras despachábamos el mote con un pedazo de charqui, soasado al carbón de la concha, comencé a interrogarlo, para satisfacer mi desmedido y malsano don de la observación, acerca de su actividad judicial. Me comento que la Corte le había proporcionado algunos libros de actas (para registrar los casos civiles y penales, entre otros), de esto hacía ya cuatro años, pero que hasta ahora no los había utilizado, sus páginas estaban inmaculadas. Tenia quinto año de primaria y esto no le permitía entender la diferencia entre un proceso civil y penal. Esta revelación me dejó frío. Me dije que este señor significaba un enorme peligro para la administración de justicia y había que hacer algo para evitar que esto continuara: que un ignorante resolviera los conflictos de su comunidad. Entonces en mis reflexiones pensé que la mejor solución era designar como Jueces de Paz a estudiantes o Bachilleres en Derecho y no seguir manteniendo al margen de la Ley, en el oscurantismo e ignorancia a estos pobres campesinos. Antes de marcharnos del poblado nos mostró unos papeles judiciales que involucraba a una hija suya dentro de un proceso judicial en la provincia. Sin esperar nuestra opinión simplemente dijo mascando su deficiente castellano: “el Juez de Familia es un cagón”. Ignoro si lo dijo porque aquel magistrado se haya mostrado medroso o simplemente porque cometió un error irreparable (después de todo son acepciones válidas a la palabreja “cagar”) o tal vez porque en aquella ocasión era una frase coloquial utilizada por algunos guías de turismo que ya comenzaban a irrumpir en su comunidad.
Esta anécdota habría quedado enterrada para siempre en el olvido, a no ser por uno de los pasajes del discurso del Presidente del Poder Judicial que avivó las llamas del recuerdo: este año -dijo el doctor Távara- “se promoverá y fortalecerá la justicia de paz” (sic). En numerosas cortes se repitió lo mismo.
No hace mucho en un evento a nivel nacional en el que el tema fundamental eran los Jueces de Paz, alguien, cuyos pergaminos personales lo pintaban como un especialista en esta materia, dijo, con un aplomo que no dejaba lugar a dudas, que los Jueces de Paz son un patrimonio nacional, una institución emblemática, como el cebiche o el pisco peruanos, si caben las comparaciones. Esto no es cierto. La incorporación de los Juzgados de Paz en nuestro sistema judicial se debe a la influencia española. Inicialmente estos órganos fueron creados con la finalidad de desdoblar las funciones de los Alcaldes o Gobernadores, quienes tenían antiguamente facultades judiciales (recuérdese por ejemplo los famosos casos resueltos por Sancho Panza cuando fue ungido Gobernador de la ínsula de Barataria); posteriormente se desvincularían por completo de los municipios. El apelativo de “no letrados” si es una imposición peruana. No existe ninguna norma que le de esta nomenclatura, resulta de una inferencia por descarte: en la Ley Orgánica del Poder Judicial se hacer referencia a los “Juzgados de Paz Letrados” (Art. 54) cuando se define a estos órganos jurisdiccionales profesionales; entonces, se infiere, si los Jueces de Paz son legos, resultan siendo no letrados.
En el Perú los Juzgados de Paz constituyen mas del setenta y cinco por ciento de la judicatura nacional y de acuerdo a los niveles de aprobación superan de lejos la estima de la población respecto de sus homólogos profesionales, ergo deben merecer la atención no solo en los formales y rigurosos discursos de orden. Si embargo colisionan con muchos obstáculos: en primer lugar la legislación que regula el marco normativo de los Juzgados de Paz resulta intrincado, incoherente y confuso, si los profesionales en materia de derecho no logran ponerse de acuerdo, mucho menos se les podrá exigir, dado su carácter popular y lego, a los Jueces de Paz el conocimiento y aplicación de dispositivos aluviónicos, lo único cierto es que en la práctica ha quedado derogado el Reglamento de Jueces de Paz de 1854. De otro lado existe una disposición de ir “formalizando” las funciones de los Jueces de Paz, pero esto no va a resultar posible dada la pluriculturalidad de nuestro país, al menos ese es mi punto de vista, aún cuando hace muchos años atrás, padeciendo una miopía intelectual que limitaba mi razonamiento, califique de ignorante a un Juez de Paz que satisfactoriamente resolvía los conflictos sociales tan solo conciliando la ley con la lógica, el sentido común, la equidad y la benevolencia, cuando este personaje, como sus cientos de pares, aborda el problema de manera integral (no divide el caso formalmente en asuntos civiles, penales, laborales, etcétera), mediante la conciliación resuelve conflictos que no solo escapan de su competencia jurisdiccional sino que incluso son materias “formalmente” no conciliables (razones por las que son muchas veces denunciados) y para dar solución a la controversia utiliza elementos propios de su cosmovisión, sus valoraciones (priorizando la relación hombre-naturaleza) y costumbres de su comunidad (Art. 66 de la Ley Orgánica del Poder Judicial). La cuestión de los Juzgados de Paz no pasa únicamente por recordarlos en los actos solemnes, urge su inmediato diagnostico y atención.
Tal vez, si por un momento calzamos sus ojotas y nos embutimos en su pantalón de bayeta, aquel Juez de Paz tenía mucha razón y el Juez de Familia era realmente un cagón.

Abancay, enero del año 2007.

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Literatura y Justicia.

Las ficciones literarias son muy ricas en el tema de la Justicia, obviamente también de la injusticia; desde el gran libro que es la Biblia, pasando por el inmortal Quijote, hasta, se me ocurre de pronto un último libro que leí hace poco y que podría ser cualquier otro, El caso Arbogast del alemán Thomas Hettche . Los temas recurrentes son los conflictos judiciales.
Algo de esto precisamente trata el artículo que reproduzco literalmente a continuación.


LA JUSTICIA EN LA LITERATURA.
(Solo para lectores).
S. Florencio Jara Peña.

Démosle rienda suelta a la fantasía e imaginemos por un momento, solo en ficción claro, que el gobierno dicte una Ley, por esas cuestiones de la vida que la razón no sabe explicar, sobre todo en el Perú en que se promulgan y derogan leyes con una facilidad pasmosa, en la cual se reduzca a la mitad la pena de todos los sentenciados que purgan prisión en las cárceles del país sin ninguna excepción, de modo que por ejemplo el asesino que estaba condenado a 30 años de prisión tenga que cumplir únicamente 15 años de pena de privación de libertad efectiva, el violador condenado a 25 años ve reducida su sanción a 12 años y medio, y así en cada uno de los casos se tendría que recurrir a una simple operación aritmética para cumplir el mandato legal. Sin embargo esto que aparentemente era muy sencillo de ejecutar, genera sus primeras dificultades cuando los sentenciados a cadena perpetua, entre ellos Abimael Guzmán, solicitan que se aplique la Ley en cuestión, es decir que la cadena perpetua se reduzca en una mitad. A quién se le va a ocurrir que la pena de cadena perpetua pueda tener una mitad. Pero en aplicación del “derecho a la igualdad y la no discriminación”, sigamos fantaseando entonces, existe el deber de atender también estas solicitudes, so pena de que una vez más la comunidad internacional nos considere parias por desacatar derechos humanos internacionalmente reconocidos. No hay un precedente nacional ni internacional de una solicitud tan original como esta, salvo únicamente en los anales literarios: Julio Cesar de Mello e Souza (1895-1974), un escritor brasileño había escrito un libro “El Hombre que Calculaba” con el seudónimo de Malba Tahan. El protagonista era un extraordinario calculista de nombre Beremis Samir, quién en el Capítulo XXII de la novela resolvió un caso similar al que nos plantea nuestra imaginación. La solución ingeniosa no es tan corta como para consignarse en este comentario, pero resta decir que se trata de “una cuestión de pura matemática y de interpretación de la ley al mismo tiempo” (sic), de modo que la mitad de la cadena perpetua, conclusión que al final llega Beremis Samir, es la Libertad Condicional bajo vigilancia de la Ley, que es la única manera de tener detenido y libre a la vez a un hombre (esperemos que de este modo, omitir el proceso de razonamiento, la curiosidad les pique a todos los lectores y puedan leer esta novela). Haciendo a un lado estas digresiones y siguiendo el hilo de nuestra ficción, gracias a la lógica del calculista todos los presos condenados a cadena perpetua, incluso Guzmán, saldrían en libertad mucho antes que los demas. Pero, esto no pertenece a la realidad es imaginación, solo pura ficción.

Así como la historia anterior, la literatura es pródiga en casos en que los protagonistas han sido muy acertados en sus decisiones frente a los conflictos sociales que conocían. Desde Salomon y su famoso caso de las dos mujeres que se disputaban a un recién nacido (literatura religiosa, a despecho de que los hechos realmente hayan ocurrido), tanto que es proverbial hacer uso de la expresión “salomónico” para hacer referencia a una componenda justa, hasta El Mercader de Venecia, drama Shakespeariano en el cual se recrea el fallo justo de Porcia (disfrazada de un sabio jurista) frente a la extravagante pretensión del usurero Shylock de obtener una libra de carne de su deudor Antonio, el mercader de Venecia, al no haber honrado la deuda en el tiempo convenido, despreciando incluso la oferta de recibir tres veces mas de lo prestado: “(...) Un momento no más, exclama a continuación el sabio jurista, el contrato te otorga una libra de su carne, pero ni una gota de su sangre. Tome la carne que es lo que le pertenece; pero, si derramas una gota de sangre, tus bienes serán confiscados conforme a la ley de Venecia (...)”, declaración que hizo desistir de la cruel exigencia contractual.

Hay una historia más que puede citarse en este espacio: la de Sancho Panza cuando fue designado Gobernador de la Insula Barataria.

En el Capítulo LXV de la célebre novela Don Quijote de la Mancha (no por célebre de fácil lectura) del no menos ilustre Miguel de Cervantes Saavedra, se hace Gobernador de la ínsula Barataria al fiel escudero Sancho Panza. No bien iniciada sus funciones se le presentaron algunos conflictos que resolver. Uno de ellos era el de una mujer que presuntamente había sido ultrajada sexualmente, robándosele su castidad que venía custodiándolo, según refiere, con dientes y uñas de moros y cristianos por 23 años, por un hombre a quién a viva fuerza había conducido frente al buen Sancho. El acusado negaba la imputación, como suele ocurrir en estos casos. Afirmaba éste que tenía por oficio la ganadería, la que le dejaba alguna renta, y efectivamente reconocía que habían yacido ambos, por voluntad propia de la moza a quién recompensó lo suficiente. Oídas las versiones nuestro Sancho ordenó que el hombre entregara todo el dinero que traía consigo, veinte ducados, a la mujer. Ésta deshaciéndose en zalamerías agradece al gobernador por su sapiencia, que así miraba por las huérfanas menesterosas y doncellas, retirándose feliz con el dinero. Seguidamente Sancho ordena al varón, quién ya tenía los ojos húmedos por el llanto, que salga tras ella y a como de lugar, incluso haciendo uso de la fuerza si fuera necesario, recupere la bolsa del dinero y vuelva con ella. Al cabo de unos minutos el hombre y la mujer regresan nuevamente donde Sancho, esta vez mas asidos y unidos que la anterior, disputándose en un tira y afloja la bolsa del dinero. El hombre se quejaba de que no había fuerza humana que pudiera recuperar el dinero, al punto que estaba resignándose a perderlo, pues así lo demostraba la mujer que por su parte reclamaba al desvergüenza y osadía del hombre de desacatar el fallo del gobernador. El diálogo que sostiene Sancho antes de llegar a su decisión es también proverbial. Veámoslo cual textualmente lo ha expresado su autor:

“(...) —Y ¿háosla quitado? —preguntó el gobernador.

—¿Cómo quitar? —respondió la mujer—. Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña! ¡Otros gatos me han de echar a las barbas, que no este desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, mazos y escoplos no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aun garras de leones: antes el ánima de en mitad en mitad de las carnes!

—Ella tiene razón —dijo el hombre—, y yo me doy por rendido y sin fuerzas, y confieso que las mías no son bastantes para quitársela, y déjola.

Entonces el gobernador dijo a la mujer:

—Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa.

Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió al hombre, y dijo a la esforzada y no forzada:

—Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrárades, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y mucho de enhoramala, y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda, so pena de doscientos azotes. ¡Andad luego digo, churrillera, desvergonzada y embaidora! (...)”

En todos estos casos los protagonistas han sabido conciliar el cumplimiento de la ley con la lógica, el sentido común, la equidad y la benevolencia, virtudes que ya no se encuentran en las personas que de una u otra forma contribuimos al sistema de justicia actual (abogando, juzgando, dictaminando o académicamente), pues no somos sino aplicadores fríos del texto de las leyes.
Abancay, noviembre del año 2006.

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lunes, 21 de marzo de 2011

Acerca de algunas mentiras universales.


Seguro que muchos de nosotros hemos oido o leído acerca de las famosas mentiras universales. El artículo que reproduzco a continuación esta referido a una muy difundida en las zonas altoandinas: "kaychallapi", que traducido al español sería algo así como "acasito" o "aca nomás". En fin, la mentira es la mentira, sean estas mentiras blancas, piadosas, mentirijillas o de las mas ruines. La mentira siempre busca distorsionar la realidad, sea cual sea su propósito. En esta época de elecciones, en que las mentiras estan a la orden del día, causa enorme placer y diversión leer un artículo como este.

KAYCHALLAPI (ACASITO NOMAS).
Para la flaca, con mucho amor.

Después de oír el discurso de Vargas Llosa al recibir el Nobel de Literatura caí en la cuenta que algo de ello no era ficción. Vargas Llosa es un maestro para hacer obras maestras de la mentira, de la ficción, así que prejuzgué que su discurso, que en algunos pasajes le arrancó lágrimas, también era una ficción bien construida precisamente para recibir un premio por saber inventarlas, creo que me equivoqué. Dijo algo así como que cuanto más sentía al Perú era en otras latitudes. La mayoría de sus ficciones tienen como espacio y tiempo, por supuesto mentidas magistralmente, nuestro país: sea como barrio, sea como región, sea como fuere, pero en sus novelas se refleja el Perú.
Algo parecido me sucede. Por supuesto no quiero compararme con nuestro Nobel, pero siento lo mismo aunque a nivel micro. Me explico: ahora que estoy fuera de Apurímac las nostalgias y sentimientos hacia esa tierra son incontenibles, estoy empezando a querer más a este pequeño punto inhóspito de nuestro mapa. Los recuerdos se agolpan en mi mente incesantemente y pugnan por manifestarse de alguna manera.
Precisamente fui presa de uno de estos cuando perdí el rumbo en el monstruo de mil cabezas. Me había extraviado en Lima y no hallaba forma de volver a mi hospedaje. Lo más recomendable en estos casos, y en otros en que el peligro asecha, es no perder la cordura, de modo que para ubicarme entré en una pequeña tienda y mientras me llevaba el burbujeante vaso de gaseosa a los labios recordé que también uno puede perder el rumbo en la puna.
Si. Estuve perdido todo un día, y su noche entera, en la más desolada puna sin poder hallar el camino de retorno hacia el pueblo.
Cómo llegué allí tiene que ver con el título de este artículo.
No creo que solamente en el Perú seamos campeones para mentir (para aclarar a mis confundidos lectores, acá no me estoy refiriendo a la mentira como una veta para crear ficciones al estilo Vargas Llosa, sino como uno de esos malhadados defectos de la humanidad para torcer la verdad, sea cual fuere el propósito, pero casi siempre para justificar despropósitos personales o conseguir ventajas ruines).
Estoy seguro que han oído o leído acerca de las mentiras universales: “mañana te pago”, “sólo un parcito”, “estuve en el trabajo”, “ah, y no se olvide –esta agua-, no es mineral”, “cuando salga electo” y muchas otras más. La mentira, como defecto o vicio, la llevamos en los genes toda la humanidad, no es patrimonio de un determinado país o una determinada raza.
A estas habría que añadirle “kaychallapi” (es probable que esta palabra quechua esté mal escrita, a decir de los “lingüistas” quechuas, pero he tratado de construirla tal como suena oralmente haciendo uso de los fonemas castellanos, en todo caso significa “acasito nomás”).
Es imposible que alguien que haya estado por las zonas altas de Apurímac (y también por el Cusco) no haya oído jamás esta celebre palabrita.
Kaychallapi, papay. Es lo que acostumbran contestar los campesinos cuando suele seles preguntar por un determinado lugar. A diferencia de las otras mentiras que siempre buscan lograr una mal concebida viveza, criollada, pendejada, o como quiera llamársele, esta mentirijilla es producto de la creencia andina de que cualquier distancia puede ser cubierta pedestremente, o tal vez tras esa inocente palabra se esconde una pícara tomadura del pelo al presumido citadino para hacerlo padecer de cansancio y otras desventuras. Lo cierto es que jueces, ingenieros, médicos, enfermeros, maestros, policías han caminado horas y horas, han vadeado cerros y quebradas y cruzado numerosos ríos para llegar, ya muy entrada la noche, a su destino que, a decir del circunstante o casual campesino andino con el que se encontraban en el camino, estaba “kaychallapi, papay”.
Aquella vez fui en busca de una persona cuya vivienda estaba “kaychallapi, papituy, detrás de aquella lomadita nomás”. Había caminado medio mundo, escalado mil cerros por unos caminos apenas imperceptibles, pero no daba con la bendita casa. La noche con su manto oscuro empezaba a difuminar el paisaje agreste de la puna cuando una infernal lluvia se desató. Llovía, literalmente, a cántaros. En medio de la desolación, sin un lugar donde guarecerme, dando bastonazos de ciego para dar siquiera con el camino de retorno fui presa del pánico. Sin noción del tiempo ni del lugar caminé sin rumbo, como un loco, aquella noche, hasta que, empapado hasta los huesos, divisé, en lontananza unas luces que brillaban como pequeñas luciérnagas. Hacia allí me dirigí para llegar, al cabo de muchas horas, junto con el alba. ¡¡Había vuelto al pueblo de donde había partido en la víspera por el extremo opuesto!!

Luego de calmar mi sed dije para mi coleto que esta vez no me sucedería lo que en la puna. Claro que no, tomaría un Taxi e indicando la dirección al taxista llegaría a mi destino, así estuviera acasito nomás.

Ica, verano del 2011.
Florencio Jara Peña.

CREDITOS.
La fotografía ha sido tomada de acá:

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El aborto y la cifra negra.

Reproduzco un artículo que, con recursos literarios, pone al desnudo este controversial tema.


LA CIFRA NEGRA.
Escrito por Florencio Jara Peña.
Un evento académico me había convocada a la ciudad de Lima. No recuerdo cuales fueron los temas abordados, pero de seguro que fueron jurídicos. Lo cierto del caso es que congregó, como ponentes, expositores, presentadores, inauguradores y demás personalidades, a las intelectualidades mas descollantes del país, así como también a funcionarios de las más altas esferas del sistema de administración de justicia. La sede era un lujoso hotel que prestaba todos los servicios cuyos gastos fueron sufragados por una ONG que auspiciaba el evento.
Abrumado por el sopor del verano limeño y la sosa charla del expositor de turno, decidí, antes de quedarme dormido en la butaca, recluirme en el cafetín (o como se llamen ahora estos lugares) en busca de una bebida helada. Para esto escogí el lugar más apartado del bar. A un costado mío, separado por una especie de tabique de madera finamente artesonado, se hallaba la zona “solamente para personas importantes” (zona “VIP” por sus iniciales en inglés). Sus ocupantes, quienes vestían muy formalmente trajes exclusivos y de marca, no habían reparado en mi presencia difuminada tras el biombo. Eran algunas de aquellas personalidades destacadas que reunidos en torno a una mesa venían conversando de lo más amenamente, pues de tanto en tanto el estallido de sus risas retumbaba en el ambiente vacío. Tengo dos defectos malsanos que no pocas veces me han generado algunos problemillas: uno es mi instinto irónico (si tal instinto existe) que lo confunden con el cinismo o la pedantería; y el otro es mi don de la observación (si se le puede llamar don). Precisamente jalonado por mi redomada curiosidad decidí quedarme a oír (la nitidez no podía ser mejor) aquella conversación, para saber que pensaban esos ilustres personajes a los que solo tenia la oportunidad de ver sus nombres reflejados en la carátula de un libro erudito, leer sus entrevistas en los diarios o escucharlos en la televisión. Para sorpresa mía el tema que los abstraía no tenía nada que ver con el evento, eran temas triviales, la formalidad había quedado en algún lugar entre el estrado y ese lugar. Al fin y al cabo eran de carne y hueso como nosotros los comunes mortales, expelían eructos y ventosidades, con toda seguridad. Eran tan igual a cualquier grupo de machos fanfarroneando sobre “las cosas de la vida”, sobre las hembritas, las trampitas y demás actividades machistas. Pero, no dejó de sorprenderme aún más el lenguaje coprolálico que se empleaba, podrían haber hecho sonrojar al más desbraguetado inquilino de Lurigancho.
De pronto alguien había hecho referencia a una “bajada” practicada a su amante, como quién voltea la página de un diario o piden que le pasen la mantequilla. Ese fue el punto de partida para que otro afirmara, como una verdad de perogrullo, que todos alguna vez en su vida, si se consideraban bien machitos claro, habían participado de un aborto: “son gajes del oficio, compadrito, quién alguna vez no hizo abortar”. “Dios perdona el pecado, pero no el escándalo”. Fue lo último que escuche que alguno pontificaba, cuando caminaba de retorno al auditorio.
Físicamente estaba sentado en el auditorio, pero mi mente divagaba en muchas cosas. Realmente era cierto que muchas personas podían cometer delitos sin que sean tildados de delincuentes: acababa de comprobarlo personalmente hace unos instantes.
“El delito –como lo afirma el profesor noruego de criminología Nils Cristie- no es un concepto estático o fijo, y cuales acciones son consideradas delictivas varían históricamente y de una sociedad a otra”. En efecto una acción es etiquetada de delito arbitrariamente por el Estado a través del Poder Legislativo, este mismo poder puede dejar de considerar una conducta como delito: el ejemplo mas reciente en nuestra realidad es el Adulterio o el Desacato. Entonces delincuente sería, en términos criminológicos, la persona que ha cometido un delito.
¿Será cierto esto?. O sería mejor afirmar que delincuente es la persona que habiendo cometido un delito es descubierto y sancionado por el Estado. Claro en la práctica es así, de lo contrario todas aquellas personalidades que se ufanaban de haber cometido el delito de Aborto serían delincuentes, pero no era así, por el contrario eran los adalides que desde diversos estrados y tribunas luchaban contra el delito y el delincuente, al menos eso se percibía en sus refinados y afectados discursos.
Esto último, la cantidad de delitos no denunciados, tiene relación con la llamada Cifra Negra de la Delincuencia. Las estadísticas oficiales en cuanto a las cifras delictivas se limitan a los delitos que son reportados o denunciados ante las autoridades competentes, pero esta información no es suficiente porque los delitos que no reciben este tratamiento pasan a formar parte de la cifra negra. Las razones por las que algunos delitos no son denunciados dependen de muchos factores y de la idiosincrasia del teatro social en los que tienen lugar. En la Criminología se afirma que sólo entre el 30 ó 40% de los delitos cometidos son denunciados, incluso hacen referencia a una especie de regla general: entre más grave es el delito, más se reduce la “cifra negra”; se dice que las víctimas realizan, antes de denunciar un hecho, un análisis de costo-beneficio, pues consideran que si la pérdida es pequeña, no vale la pena acudir a las autoridades y perder tiempo y dinero en inútiles papeleos, por ejemplo a quién le sustraen un televisor muchas veces le resulta mucho mas caro recuperarlo denunciándolo antes las autoridades que dejar impune el hecho y comprarse otro nuevo.
Pero esto no puede aplicarse de modo absoluto para todos los delitos, por lo menos no para el Aborto, a mi juicio, máxime en nuestra sociedad, son cuatro la razones más gravitantes para que los índices de abortos no denunciados sean muy elevados : por temor o vergüenza a la investigación judicial, temor de perjudicar al autor cuando éste tiene una relación muy estrecha con la víctima, la denuncia puede afectar o perjudicar a la víctima y por la presión familiar y social de ser identificadas como víctimas de ciertos delitos que las estigmatizan y las hacen sentir humilladas.
Estas cuatro razones (o sinrazones mas bien) se condensan perfectamente en el refrán soltado a colación en la célebre charla del cafetín: Dios perdona el pecado, pero no el escándalo. Pero podría perfectamente quedar modificado del modo siguiente: Dios perdona el delito, pero no el escándalo. Así es nuestra sociedad de doble moral.
Notas:
1.- Es proverbial ya las lisuras proferidas por nuestro Cardenal Juan Luis Cipriano en una Escuela Técnica del Ejercito, de manera que no debería causar asombro que entre “machos” hasta los curas sean soeces y procaces.
2.- Bajada en jerga significa aborto.
El Aborto en el Perú esta tipificado y sancionado, en sus diversas modalidades, en los Arts. 114 al 120 del Código Penal.
3.- En el mundo se practican 43 millones de abortos al año, el 90 por ciento en circunstancias inseguras, es decir, sin las condiciones médicas e higiénicas necesarias para llevarlo a cabo, sobre todo en países en desarrollo. Los abortos inseguros contribuyen el 14 por ciento de la mortalidad de las mujeres en el mundo; razón por la cual 82 mil mujeres mueren al año por esta causa (fuente: www.elsiglodetorreon.com.mx).
En Perú hay 1,200 Abortos clandestinos por día (fuente: diario Trome del 24/07/2008).

CREDITOS:
La imagen ha sido obtenida de acá:

viernes, 12 de noviembre de 2010

A propósito del Proyecto de Ley que despenaliza las relaciones sexuales consentidas entre/con adolescentes en el Perú.


Este tema puede ser tratado desde diversos puntos de vista, la sexualidad tiene muchas aristas. Reproduzco un comentario estrictamente legal.

A propósito del Proyecto de Ley que despenaliza las relaciones sexuales consentidas entre/con adolescentes en el Perú.
S. Florencio Jara Peña.

Esta semana levantó polvareda, más de la cuenta, el Proyecto de Ley (ver el proyecto) que modifica los Artículos 170, 173, 173-A y 175 del Código Penal.
Los medios de prensa hicieron un cargamontón al Presidente de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso el Fujimorista Víctor Rolando Sousa Huanambal, cuya autoría se le atribuye erróneamente.
Muchos pegaron el grito al cielo, como por ejemplo el Presidente de la Asociación Médica Peruana (AMP), Herbert Cuba García, quién se mostró en contra del proyecto de ley de marras que despenaliza las relaciones sexuales de adolescentes entre 14 y 18 años, enfatizó que esta medida no solo sería un despropósito sino que se promovería el turismo sexual en el país.
La Prensa peruana, hablamos de los medios a los que hemos accedido, una vez mas ha demostrado su ignorancia en temas legales (ojo que muchos presentadores de los programas noticiosos de la televisión nacional son abogados e incluso se jactan de serlo). Resulta irritante que conozcan más y le brinden cobertura noticiosa a lo que pasa en el show de los sueños o en amigos o rivales o en cualquier telenovela que transmite el canal de TV al que sirven.
Ahora bien, respecto al tema que nos ocupa cabe decir lo siguiente:
1.- El Proyecto de Ley fue enviado por el propio Alan García Pérez (así es, el mismo que hace unos años atrás propugnaba la pena de muerte para los violadores), todavía el 10 de septiembre del 2010. No es una iniciativa de Sousa Huanambal.
2.- El Proyecto de Ley no autoriza las relaciones sexuales entre o con adolescentes, lo que hace es dejar de sancionar penalmente este tipo de relaciones sexuales cuando son consentidas.
Esto, relaciones sexuales consentidas entre o con adolescentes sin relevancias penales, ya se venía dando en la realidad judicial.
En efecto, mediante los Acuerdos Plenarios N° 7-2007/CJ-116 y N° 4-2008/CJ-116, se dispone, con carácter de vinculante (léase obligatorio) para todos los jueces de la república, que este tipo de relaciones sexuales estaban exentas de responsabilidad penal, es decir el o la que practicaba relaciones sexuales con un adolescente mayor de 14 y menor de 18 años de edad con su consentimiento no tenia ninguna responsabilidad penal.
Exactamente lo que propone el proyecto de ley. En buena cuenta lo que se pretende con el proyecto de ley es normar lo que ya se viene dando en la realidad (a muchos les parecerá extraño esto de que la práctica judicial ya viene aplicando lo que todavía no se halla regulado por una ley. Si pues, esto se debe a que de un tiempo a esta parte, como en el sistema anglo americano, va ganando terreno la jurisprudencia como precedente de cumplimiento obligatorio).
3.- Lo que generó toda esta confusión es la Ley 28704.
A partir del 06 de abril del año 2006 todo tipo de relaciones sexuales, sean estas consentidas o no entre o con mayores de 14 y menores de 18 años, eran consideradas delitos de violación de la libertad sexual. Esta Ley generó una antinomia con otras leyes que comprendía a los Adolescentes que le reconocían capacidades sexuales y reproductivas a estos.
Entonces el proyecto de ley ya no reprimirá las relaciones sexuales consentidas, pero si sancionará, y muy drásticamente, las violaciones sexuales propiamente dichas (con violencia o grave amenaza) contra los adolescentes (esta es la modificación al Art. 170 del C.P.).
Seguirá vigente la norma (Art. 173, Incs. 1 y 2 del C.P.) en cuanto reprime drásticamente las relaciones sexuales, sean estas consentidas, violentas o bajo engaño, de personas menores de 14 años edad.
Consideramos que el texto que propone el proyecto de ley es mucho mejor que el que ahora se halla vigente, pues al introducir el párrafo “cualquier forma de engaño, o valiéndose de una situación de superioridad por posición o cargo, o aprovechándose de la vulnerabilidad de la víctima” (sic), en lugar del simple, escueto y multívoco “engaño”, el ámbito de protección de la presunta víctima se ensanchará notablemente.
Con la modificación al Art. 175 del C.P. dejará de tener aplicación el RN N° 1628-2004-ICA, una Ejecutoria Vinculante inverosímil y traída de los cabellos que interpretaba absurda y obtusamente el término “engaño”.
5.- Visto en el contexto legal y judicial el proyecto de ley es un acierto.
6.- La realidad supera la ficción. Posiblemente esta trillada frase no les diga nada. La Ley es una ficción legal. Los hechos sociales siempre van un paso delante de la Ley.
Lo que hace este proyecto de ley es dejar de sancionar lo que en la práctica social se viene dando: relaciones sexuales consentidas entre o con adolescentes mayores de 14 y menores de 18 años de edad.



CREDITOS:
La imagen ha sido tomada de acá:
http://www.lesmexico.org/img/arts/numeros.jpg